miércoles, 22 de enero de 2014

Una historia esperando a tu lado.

Puede ser que todo sea un sueño, como aquel que viví la otra noche, tan intenso, tan real, tan triste. Llegué a confundir realidad y sueño. Verosimilitud y fantasía. Sí, el sueño no era nada creíble (excepto una parte) pero yo no lo veía así, sino natural y lógico. Llegué a pellizcarme a mí misma para no darme de bruces, y mira de qué sirvió, el golpe fue más fuerte, llegando a despertarme llorando, con los ojos rojos e hinchados, llenos de tristeza y de ti. Todo era tan de película que. No sé por qué se empeña en aparecer en cada segundo, en cada suspiro, aun cuando no lo he exhalado.
Respecto al sueño en cuestión, no diré nada más, excepto que lo recuerdo como si lo hubiera vivido. Las miradas entre nosotros eras más creíbles y sinceras que las últimas que nos dirigimos, y qué triste. Nuestras palabras eran como las de nuestros principios, aunque tu llanto no cesaba y eso me hacía llorar a mí también. Estábamos tan unidos que todo tu dolor era capaz de sentirlo yo también, dentro, allá dónde los sentidos no alcanzan. Te sujetaba la cabeza con las manos, mientras me mirabas y me decías que todo había acabado, que no había marcha atrás, cuando en realidad mi vida empezaba en ese momento. Estábamos totalmente empapados porque fuera llovía, pero eso no nos importaba, las gotas de lluvia se unían con nuestras lágrimas dibujando el paisaje que nos rodeaba y que acompañaba a la situación. Entonces empezó aquella vida. Pero terminó al despertarme la mañana siguiente, llorando soltando todo mi ser y parte del tuyo.

Una historia bañada en pasado.
Un alma perdida vagando en caminos.
La otra en cristales dibuja olvidos
que la primera dejó guardados
como pequeños recuerdos divinos,
creando sus propios nidos
que la refugien de su sueño malvado.

Esperando mirando al infinito.
Imaginando caminos a tu lado
como aquellas tardes de la mano
riendo alegres como niños.
Hasta que diste un giro inesperado
dejándome anclada a ti en vano
esperando en calles que ahora evito.

Dejando a la poesía andar conmigo.
Expresando mi dolor en versos rimados.
Soltando mi llanto en tantos pianos
que ambos acompasados me hacen de abrigo.
Oyéndola tocar con sus dedos cansados,
dejándome llevar a lugares lejanos
en cualquiera que no sea contigo.

Sé que nunca seré capaz de decirte todo lo que siento, ni aunque sepas todos mis secretos. Soy demasiado mía para descifrarte mi pasado y mi presente a tu lado, sabiendo que serás incapaz de acompañarme en mi futuro. Lo siento.

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