lunes, 31 de marzo de 2014

Todo está mejor contigo.

Sé que esta no es la mejor época para escribir, porque se supone que me encuentro en una recta final en la que debo estar al máximo estudiando sin perder un segundo, pero no considero esto una pérdida, sino una búsqueda de mí misma.
He estado siete meses en un ay continuo y eso no hace ningún bien, os lo aseguro. Y, bueno, mis siete meses de espera han acabado y el sábado empecé una nueva vida. Todo fue muy bien, mucho mejor de lo que yo esperaba y nos volvimos a encontrar. Al principio fue un poco violento todo, ya que no sabes cómo dirigirte a una persona que fue todo tú en el pasado, pero que no hablabas con ella desde hacía casi dos meses, ni un "hola". Pero por lo visto, las cenizas seguían encendidas y pudimos pasar una tarde estupenda, de esas que ya no recordaba y que tanto anhelaba. Tuve que dar yo el primer paso, pero no importa, porque desde ese momento, todo parece mejor. Aunque el cielo esté encapotado, aunque el tiempo me pise los talones y los exámenes me nublen el futuro, todo está mejor porque nosotros estamos mejor. Así que gracias, por entenderme, por quedar, por volver a estar ahí, sí, gracias por eso y por todo, que no se puede decir con palabras, pero que me hace feliz. Has hecho que vuelva a sentirme feliz y que tenga fuerzas para todo. Vuelve a contar conmigo, por favor, te ayudaré en todo lo que pueda, de verdad. Te he echado tanto de menos y te he llevado siempre tan dentro, que todo me parece poco para ti, así que vuelve, volvamos a formar un nosotros como el que creamos hace casi un año. Te quiero.

domingo, 23 de marzo de 2014

Otro viaje en carrusel





La tarde es fría.

Está lloviendo dentro

en lo más profundo de mi alma

en lo más superficial de mi piel.

Tus recuerdos me embriagan el corazón

y ya no controlo mi ser,

tus palabras me llaman

reclaman que las deje que suenen

que no les corte su voz,

permito que griten hoy

mientras escucho

con el hilo de vida que me queda.



Sueño.

Cierro los ojos sólo para verte reír,

para sentir

todo aquello que pasó

y que se escapó

gracias a los suspiros

que logré producir

aquel mes floral,

mientras reíamos

juntos

contándonos nuestra felicidad

toda recóndita verdad

que nos invadía

y nos hacía llorar.



Los meses pasan

al igual que las hojas de papel

que movidas por el aire

atrapan mis palabras con fuerza

para impedir separarse de ellas.

Tú pasaste y yo pasé,

cogimos el tren más largo

hacia aquella estación

a la que juramos no viajar,

hacia el olvido

donde se juntan las palabras,

promesas, sueños y sonrisas,

lágrimas, dolor y melancolía.



No sé si conseguiré vencer,

se disipa mi poder

al no verte,

ni oírte,

ni sentirte,

al no apreciar

ni una sola palabra

que me logre hacer ver

lo que mis sentidos me evitan observar,

nuestra historia,

nuestras promesas,

la amistad más preciosa

que vimos jamás,

el sueño más perfecto,

el día más genial.



Necesito volverte a ver

tengo muchas cosas que contarte

y apenas fuerzas

para confesarte

todo lo que oculté

bajo mis ojos silenciosos,

neutros

sin claras expresiones,

sin sensaciones

que resbalen por mi interior

y me hagan ser feliz.



Mi vida es incapaz de seguir

todo ha cambiado desde que te fuiste,

no sé qué caminos tomar

ni a qué fuerza agarrarme.

Está lloviendo

y me da igual que me alcance

pero quiero volver a verte

y hablar como solíamos,

sentir los cinco sentidos

sintiéndome las vidas

que perdí sintiéndote a ti.



Te pido otra oportunidad,

otro viaje en el carrusel

de nuestras vidas

una conversación más,

que me deje expresarte

mi más sincero interior,

todo mi pesar

y lo que no conseguí decirte

durante aquellos días de invierno,

de otoño, de verano y de primavera,

en los que me acompañaste a soñar.



Por favor,

te pido que me des la mano para volver a volar.



22-3-2014

sábado, 8 de marzo de 2014

Un sueño sin final.







Te escribiría a ti

cada una de las púas

que me clavaste sin querer,

o eso quiero creer.

Te cantaría

en pequeñas estrofas

todo lo que el viento

no me dejó gritar nunca.

Lloraría suplicándote

que me perdonaras

la vida

y el dolor,

la muerte

y la existencia.

He ido muriendo

cada día un poquito más,

como los pétalos

de la rosa más hermosa

que ahora cae

triste, sola.

Te he ido siguiendo las huellas

hasta ver la sangre

brotar de mí

y suplicar a mi cuerpo

que deje de arañarlo.

Me he permitido

un pequeño capricho,

verte allí

riendo,

soñando en cuentos

que yo misma me invento.

Y es que,

tienes la sonrisa más tierna

que he llegado a ver,

a sentir

y a escuchar,

porque tu sonrisa

lleva anclada tu voz

cuando susurrabas,

despacio,

todas aquellas palabras.

Esas que un día te llevaste

de camino a casa

para impedir que regresaran a mi lado

y que me volvieran a hacer feliz.

Supongo que creerás que

soy una estúpida, una idiota,

que llegó a tu vida por casualidad

y se marchó por egoísmo,

pero

me marché por ti,

me impregné de ti.

No sé si fue lo más acertado

o sólo una acción más

sin consecuencias,

sin apenas notar nada,

una ola rota antes de llegar

a la orilla donde dicen que debe morir,

una burbuja explotada

antes de que el aire la llegue a soplar,

una pesadilla continua

en un sueño sin final.

Así me siento yo.

Llegué a creer

a aquello que llaman palabras

confundiéndolas con sentimientos

que se han quedado en nada.

Fuiste, eres y serás el amor de mi vida.

Porque sólo he conocido una

y la compartí contigo.

Y soñé,

en mundos donde nunca había llegado;

y reí,

en cielos que nunca había apreciado;

y lloré,

en todos los lugares que nos espiaron

cuando te fuiste.

No creo que llegue a expresar

con palabras

todo lo que siento y he llegado a sentir,

un cóctel perfecto

de odio y amor.

Sé que he hecho mal,

quizás,

no debería haber entrado

y todo sería diferente.

Quizás,

me tendría que haber alejado

antes de meterme en ti

y abrirte el corazón,

para que me hicieras un hueco en él.

Tú tardaste menos en hacerlo

y sigues sin querer salir

de esa madriguera

a la que yo llamo amor

y de la que tú no eres consciente.

Perdóname,

nunca quise estar así en tu vida.

Cúlpame,

me merezco este dolor inacabable.

Pero

abrázame por favor,

nunca volveré a vivir algo así,

una amistad tan preciosa

como irreal,

tan bonita

como certera,

una completa paradoja

que nos llevó a la felicidad

y que me ha acabado ahogando

en mis propias lágrimas.



Posdata: Te quiero, te amo, te adoro.