Sé que esta no es la mejor época para escribir, porque se supone que me encuentro en una recta final en la que debo estar al máximo estudiando sin perder un segundo, pero no considero esto una pérdida, sino una búsqueda de mí misma.
He estado siete meses en un ay continuo y eso no hace ningún bien, os lo aseguro. Y, bueno, mis siete meses de espera han acabado y el sábado empecé una nueva vida. Todo fue muy bien, mucho mejor de lo que yo esperaba y nos volvimos a encontrar. Al principio fue un poco violento todo, ya que no sabes cómo dirigirte a una persona que fue todo tú en el pasado, pero que no hablabas con ella desde hacía casi dos meses, ni un "hola". Pero por lo visto, las cenizas seguían encendidas y pudimos pasar una tarde estupenda, de esas que ya no recordaba y que tanto anhelaba. Tuve que dar yo el primer paso, pero no importa, porque desde ese momento, todo parece mejor. Aunque el cielo esté encapotado, aunque el tiempo me pise los talones y los exámenes me nublen el futuro, todo está mejor porque nosotros estamos mejor. Así que gracias, por entenderme, por quedar, por volver a estar ahí, sí, gracias por eso y por todo, que no se puede decir con palabras, pero que me hace feliz. Has hecho que vuelva a sentirme feliz y que tenga fuerzas para todo. Vuelve a contar conmigo, por favor, te ayudaré en todo lo que pueda, de verdad. Te he echado tanto de menos y te he llevado siempre tan dentro, que todo me parece poco para ti, así que vuelve, volvamos a formar un nosotros como el que creamos hace casi un año. Te quiero.
lunes, 31 de marzo de 2014
domingo, 23 de marzo de 2014
Otro viaje en carrusel
La tarde es fría.
Está lloviendo dentro
en lo más profundo de mi alma
en lo más superficial de mi piel.
Tus recuerdos me embriagan el corazón
y ya no controlo mi ser,
tus palabras me llaman
reclaman que las deje que suenen
que no les corte su voz,
permito que griten hoy
mientras escucho
con el hilo de vida que me queda.
Sueño.
Cierro los ojos sólo para verte reír,
para sentir
todo aquello que pasó
y que se escapó
gracias a los suspiros
que logré producir
aquel mes floral,
mientras reíamos
juntos
contándonos nuestra felicidad
toda recóndita verdad
que nos invadía
y nos hacía llorar.
Los meses pasan
al igual que las hojas de papel
que movidas por el aire
atrapan mis palabras con fuerza
para impedir separarse de ellas.
Tú pasaste y yo pasé,
cogimos el tren más largo
hacia aquella estación
a la que juramos no viajar,
hacia el olvido
donde se juntan las palabras,
promesas, sueños y sonrisas,
lágrimas, dolor y melancolía.
No sé si conseguiré vencer,
se disipa mi poder
al no verte,
ni oírte,
ni sentirte,
al no apreciar
ni una sola palabra
que me logre hacer ver
lo que mis sentidos me evitan observar,
nuestra historia,
nuestras promesas,
la amistad más preciosa
que vimos jamás,
el sueño más perfecto,
el día más genial.
Necesito volverte a ver
tengo muchas cosas que contarte
y apenas fuerzas
para confesarte
todo lo que oculté
bajo mis ojos silenciosos,
neutros
sin claras expresiones,
sin sensaciones
que resbalen por mi interior
y me hagan ser feliz.
Mi vida es incapaz de seguir
todo ha cambiado desde que te fuiste,
no sé qué caminos tomar
ni a qué fuerza agarrarme.
Está lloviendo
y me da igual que me alcance
pero quiero volver a verte
y hablar como solíamos,
sentir los cinco sentidos
sintiéndome las vidas
que perdí sintiéndote a ti.
Te pido otra oportunidad,
otro viaje en el carrusel
de nuestras vidas
una conversación más,
que me deje expresarte
mi más sincero interior,
todo mi pesar
y lo que no conseguí decirte
durante aquellos días de invierno,
de otoño, de verano y de primavera,
en los que me acompañaste a soñar.
Por favor,
te pido que me des la mano para volver a volar.
22-3-2014
sábado, 8 de marzo de 2014
Un sueño sin final.
Te escribiría a ti
cada una de las púas
que me clavaste sin querer,
o eso quiero creer.
Te cantaría
en pequeñas estrofas
todo lo que el viento
no me dejó gritar nunca.
Lloraría suplicándote
que me perdonaras
la vida
y el dolor,
la muerte
y la existencia.
He ido muriendo
cada día un poquito más,
como los pétalos
de la rosa más hermosa
que ahora cae
triste, sola.
Te he ido siguiendo las huellas
hasta ver la sangre
brotar de mí
y suplicar a mi cuerpo
que deje de arañarlo.
Me he permitido
un pequeño capricho,
verte allí
riendo,
soñando en cuentos
que yo misma me invento.
Y es que,
tienes la sonrisa más tierna
que he llegado a ver,
a sentir
y a escuchar,
porque tu sonrisa
lleva anclada tu voz
cuando susurrabas,
despacio,
todas aquellas palabras.
Esas que un día te llevaste
de camino a casa
para impedir que regresaran a mi lado
y que me volvieran a hacer feliz.
Supongo que creerás que
soy una estúpida, una idiota,
que llegó a tu vida por casualidad
y se marchó por egoísmo,
pero
me marché por ti,
me impregné de ti.
No sé si fue lo más acertado
o sólo una acción más
sin consecuencias,
sin apenas notar nada,
una ola rota antes de llegar
a la orilla donde dicen que debe morir,
una burbuja explotada
antes de que el aire la llegue a soplar,
una pesadilla continua
en un sueño sin final.
Así me siento yo.
Llegué a creer
a aquello que llaman palabras
confundiéndolas con sentimientos
que se han quedado en nada.
Fuiste, eres y serás el amor de mi vida.
Porque sólo he conocido una
y la compartí contigo.
Y soñé,
en mundos donde nunca había llegado;
y reí,
en cielos que nunca había apreciado;
y lloré,
en todos los lugares que nos espiaron
cuando te fuiste.
No creo que llegue a expresar
con palabras
todo lo que siento y he llegado a sentir,
un cóctel perfecto
de odio y amor.
Sé que he hecho mal,
quizás,
no debería haber entrado
y todo sería diferente.
Quizás,
me tendría que haber alejado
antes de meterme en ti
y abrirte el corazón,
para que me hicieras un hueco en él.
Tú tardaste menos en hacerlo
y sigues sin querer salir
de esa madriguera
a la que yo llamo amor
y de la que tú no eres consciente.
Perdóname,
nunca quise estar así en tu vida.
Cúlpame,
me merezco este dolor inacabable.
Pero
abrázame por favor,
nunca volveré a vivir algo así,
una amistad tan preciosa
como irreal,
tan bonita
como certera,
una completa paradoja
que nos llevó a la felicidad
y que me ha acabado ahogando
en mis propias lágrimas.
Posdata: Te quiero, te amo, te adoro.
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