parecía mucho más sencillo
cuando tú estabas a mi lado,
cuando todo era brillo.
Como un verso adornado
en un contínuo estribillo.
La primavera caducada
se aleja sin hacer ruído,
sale triunfante y aupada.
El verano es el ángel caído
con la puñalada clavada,
un mal relevo cedido.
Otoño se deja llevar
recogiendo mis suspiros,
dejando sus hojas volar
cayendo en contínuos giros
que intentan dibujar
en pequeños papiros.
El frío de invierno
me cura la herida.
Un tiempo eterno
se avecina a mi salida.
Un pequeño infierno
en una pequeña vida.
No borraré cada recuerdo,
ni las fotos contadas,
ni cada acuerdo,
ni las lágrimas acompasadas.
Pero no te vuelvas cuerdo
nos quedan horas contadas.
Siempre te estaré agradecida,
me devolviste la vida.
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