martes, 28 de enero de 2014

Música. Piano. Color. Perdón. Tú.

La música rebota en mis oídos dejando marcada cada nota en mí, haciéndola que la memorice para siempre, intentando olvidar la música que tú me dejaste sin melodía, de la que sólo quedan acordes que no puedo cantar.
Quizás le pedí demasiado a aquel piano que se acababa de estrenar, sin conocer qué tecla era la que mejor sonaba, ni qué nota le sentaba mejor a tu cuerpo. Que todo tu caminar marca mis pasos y tus latidos marcan mi respiración.
Tal vez no te demostré suficiente mi alma, ni me descubrí ante tus pupilas, pero eres la persona que mejor ha llegado a conocerme, rozando mi interior con la punta de tus dedos; y mis lágrimas.
Compartí todo mi ser durante aquellos meses, contigo. Te dejé mi vida en tus manos y la dejaste pasar como la arena de la playa. Mi mente estuvo centrada en ti, para no dejarte caer y tenerte entre algodones. Y sólo se le puede llamar algodón a la textura de tus manos, que se empapaban al secar mis lágrimas que resbalaban, dibujando un camino que llevaba a mi verdadero yo.
Recuerdo aquel día como si fuera ayer y tú llevabas aquella chaqueta naranja que tan bien te sienta. Intentabas sacarme una sonrisa con la que sonreír tú también, porque era algo mutuo, recíproco, como el cariño que nos teníamos. Me suplicaste que no volviera a llorar y sonriera siempre, que tenía la sonrisa más bonita que habías visto en tu vida. Quiero que sepas que no he vuelto a sonreír como aquel día, ni dibujé más paisajes como el que compartíamos día a día. Aquel se ha convertido en el lugar donde sólo fui contigo, y donde no me he vuelto a dejar caer, porque cada rincón me recuerda a ti, a nuestra historia, a nuestra vida y se quedó tatuada allí para siempre. Aquellas calles por las que tanto paseé que me susurran tu nombre y tus palabras, haciéndome volver a aquellos instantes en los que pasear contigo era volar, en los que reír y llorar al mismo tiempo era posible, en los que mi corazón te repetía que no te dejaría marchar jamás.
Perdóname. Porque yo también he quebrantado un poco nuestras leyes, dejando que te alejaras y huyendo yo. Pero considero que he hecho todo lo que estaba en mi mano y que no lo he conseguido. Algunos dicen que no tienes que dejar de luchar jamás, pero hay una persona que me necesita más que tú, que me demuestra cada día que todo lo que hago por ella vale la pena, que me da las gracias con sólo una mirada y una sonrisa en cada segundo y, tal vez sea de ser poco valiente, pero necesita todo mi tiempo y mi fuerza más que tú.
Mis promesas no consiguen superar a las tuyas, pero tampoco se han roto tanto, ni te (me) han roto tanto. Sólo pido que a lo largo de nuestra vida nos volvamos a encontrar, en otra situación, en otro contexto y poder volver a empezar nuestra historia, en aquel punto que lo dejamos, en aquella primavera que siempre recordaré.

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