martes, 24 de marzo de 2015

Estoy aprendiendo a vivir.

    Hace cuatro meses que llegaste a mi vida, y dos desde que decidiste instalarte en mi pequeño corazón. Pero no sabes que parece que fue ayer cuando decidí escribirte sin ninguna finalidad en concreto, cuando nos desahogamos el uno al otro sin conocernos de nada, cuando nos abrimos de par en par y nos enseñamos los miedos y el dolor. Y te tengo que dar las gracias, por llegar a mi vida así, de repente, por llenarme hasta el último rincón de mi ser de tranquilidad y hacerme saber que por fin estabas a mi lado, que me tocaba volver a renacer y salir a bailar de tu mano, que por fin podría dejarme caer en tus brazos sabiendo que no me soltarías, que después de tanto, todavía existía alguien dispuesto a darme una oportunidad. Gracias por entenderme tanto, por dejarme mi espacio y mi tiempo cuando lo necesito, por saber tratarme y hacerme tan feliz, gracias por devolverme la ilusión y por dejar que ella viva en mí. Gracias de verdad, porque aun estando lejos, consigues que te sienta cerca, que me vengan a la mente las sensaciones que tengo cuando estoy contigo y que me ría como cuando estoy a tu lado.

    Llevo dos meses flotando en una nube que me has puesto bajo los pies, y no quiero bajarme de ella nunca, porque siento que desde que estás en mi vida, estoy aprendiendo a vivir. No te voy a decir que no podría hacerlo sin ti, claro que podría, pero no sería vida como tal. Vivir es ser feliz, no tener miedo a bailar aunque nos invadan los problemas, hacerlos pequeños para que no nos cueste salir adelante, enseñarle cada mañana al mundo la sonrisa y dejarla que se junte con la tuya superando los kilómetros, dejar que mi corazón palpite no solo por su naturaleza, sino por saber que queda menos para volver a oírte respirar, es escuchar la lluvia caer sin verlo triste, llorar de alegría y de emoción, es tener ilusión por regalarte algo e imaginar la cara que pondrás, es estar pensando continuamente qué puedo hacer por ti y pensar en ti. Desde que llegaste a mí no te has ido de mi cabeza ni un solo segundo, y creo que no hay prueba de amor más bonita que dejar que alguien viva en ti cada momento de tus días, dejar que sea la protagonista de tus pensamientos y de tus mayores sonrisas.

    No quiero imaginarme qué pasará en un tiempo y tampoco me importa, sé que cualquier cosa que imagine no será como tal, ya que el destino nos cambia la acción continuamente, nos llena el camino de sorpresas y de problemas, que no se pueden prever, así que dame la mano y déjate llevar, que la vida es más bonita de lo que podemos imaginar. Solo quiero disfrutar contigo cada momento que vivamos, sentir que la alegría me está acariciando continuamente, dejar que le des un respiro a mi corazón como me pediste al principio e intentar que el tuyo sea lo más feliz posible.

    No me cuesta nada decirte que te quiero, así como tampoco me cuesta decirte que estoy enamorada de ti y que te debo todo lo que soy ahora, déjame seguir a tu lado, pequeño, déjame que intente pintar sonrisas en tus días y que te haga feliz, que para sensación bonita la de ver tu risa y escucharla cerca, tan tan cerca, que no me importa el tiempo que tenga que pasar para volverla a sentir. Déjame que te enseñe los sueños por los que me haces andar cada día y te muestre otra manera de ver la vida, por favor.


    Te quiero mucho, cariño.

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