domingo, 6 de abril de 2014

4 de abril.

4 de abril de 1998. Esa fecha marcada en un capítulo de nuestra historia. 
No sé por qué cuento esto por aquí, pero no sé a quién contarle todas estas sensaciones, el día 4 no tenía fuerzas para contarlo, aunque hoy tampoco. Ese día se apagó mi vida para siempre y se apagó la suya, si no llega a ser por un enfermero que decidió que por una descarga más no pasaría nada y la salvó. ALBA, MI VIDA, GRACIAS POR SEGUIR ADELANTE. 
Yo no recuerdo nada, tenía dos años cuando pasó todo, una renacuaja en carro que sólo la vio caer y no volver a levantarse jamás. Pero siempre tuve interés en saber cómo fue todo. 
Un 4 de abril el cielo se tintó de negro y nos llovió el corazón a todos, por ella. Porque una pequeña de seis años estaba luchando por salvar su vida por la puta epilepsia y sobretodo por los médicos que no hicieron su trabajo y se limitaron a esquivar el problema. Y no les deseo mal, porque al fin y al cabo, como él me dijo una vez, son personas y cometen errores.
Nadie sabía que ese día Alba salía andando de casa, pero no volvería a avanzar con sus pasos jamás. Alba cayó en coma y pedían estimulación. Y sólo os digo que no soy capaz de escuchar cómo le hablábamos cada uno de nosotros en una cinta para que ella la escuchara, no soy capaz de oír mi voz de bebé diciendo: teta, ven, te echo de menos, ven a jugar. Ni a mis padres, que no se rindieron jamás y siempre tenían palabras para ella y sonrisas para mí, aunque les lloviera el cielo en su interior. Ella lo único que quería era ir al zoo que habían abierto, vestirse con un traje de comunión y ser fallera. Sí, no era la mejor niña del mundo, no comía casi y lloraba mucho, pero era un AMOR. Era y es amor en esencia, con todo el significado de cada letra. 
Alba despertó pero nunca volvería a ser la misma. Su sonrisa se apagó durante años y su cuerpo se debilitó. Todo era dolor, no había segundo del día que no llorara, porque lo que sentía le venía demasiado grande a una niña de seis años. Yo no era capaz de entender por qué ella no jugaba, no cantaba "María de la O", no me llamaba ni me cogía en brazos, sólo sabía que Alba estaba malita. Por suerte se hizo más fuerte y su llanto cesó y apareció otra vez su preciosa sonrisa que ilumina mi vida cada día y me hace ser feliz. 
Y no recuerdo su voz, ni sus besos, ni sus abrazos. Parece una tontería, pero es muy duro ver como vives con una persona día a día sin que te dé muestra de cariño, porque a veces se necesita esa voz de tu hermana que te diga: todo saldrá bien, esos piques y discusiones de todos los hermanos y esas tonterías que nadie puede sustituir. Ella ha aprendido a expresarse con sus ojos y creedme que a veces la entiendo. Por eso valoro tanto cada muestra de cariño de cada persona, porque nunca se sabe, puede que algún día no la lleguemos a tener.
Me ha hecho a mí más fuerte, porque si ella puede con todo, no hay nada imposible. Sólo me preocupo de vivir lo que ella no pudo vivir y de hacerla feliz. 
Sé que soy su estímulo y no sabéis lo bonito que es eso.
Cariño, sólo te quiero decir que eres la persona más bonita de mi vida, que te admiro, por todo lo que eres y por todo lo que le das al mundo. Gracias por ser así de genial y por cuidarme siempre. Gracias por "cantar" conmigo, por darme tu cariño cada día y por hacerme feliz con sólo verte. No dejes nunca de sonreír y de ser tan buena. No te vayas nunca y sigue luchando, pequeña. Yo seguiré a tu lado siempre. TE AMO, ALBA. 

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