viernes, 21 de febrero de 2014

Un recuerdo.

De mi dolor fueron pocos testigos, maldigo las dos palabras que hicieron de nuestra historia un recuerdo en el olvido.
Podría decirte cada uno de mis miedos y dejarte mi corazón en tus manos. Y quererte como he hecho durante estos meses, cada día un poco más, cada día más lejos. Pero sé que nada es lo mismo y las fuerzas para luchar se evaporan mientras veo cómo te alejas y borras las huellas para quitarme la sensación de seguirte. Lo has conseguido y creo que es todo un logro para ti, dejar todo esto que nos unía y tirarlo por aquel precipicio al que juramos no arrimarnos pero al que tan poco te ha costado acudir. Has dejado allí todas aquellas palabras que tan poco significan hoy y has conseguido desenterrar mis nuevos miedos y mis nuevas lágrimas, que cada día escapan de manera diferente y alternativa. Has hecho que me enfrente a mi vida, a aquella de la que me hiciste disfrutar durante tanto tiempo y que tan fácil te resultaba hacerlo.
No te voy a mentir. He tenido arrebatos de ir corriendo a tu casa y buscarte esta semana, decirte todo lo que pienso y que no puedo yo sola con mi vida, pero he pensado en ti, de forma diferente a como lo solía hacer, y  me he dado cuenta de que lo mejor es que no me ayudes tantísimo, porque llegas a sentir todo mucho y eso te perjudica.
No sé, quizás soy imbécil por escribirte tantas cartas que no leerás jamás, o por pensar que te sigo importando aunque sea un poquito. Pero bueno, no entiendo qué puedo hacer por mucho que quiera porque ni yo misma sé lo que quiero. Estoy segura de que quiero volver a tener la misma relación que teníamos antes, pero sé que no es posible, que la vidas cambian y nosotros también, que una persona no puede con dos vidas tan diferentes y seguir luchando parece un deporte de demasiado riesgo.
No me gustan muchas cosas de las que has hecho, pero tampoco soy quién para juzgarte, has hecho lo que considerabas y seguro que tenías tus motivos. Para compensarlo pienso en todo lo bueno que me diste y parece que el dolor se hace un poco más pequeño. ¿Recuerdas cuando me dijiste que no me harías daño nunca más? Lo siento, pero debo decirte que no ha sido así, pero yo también tengo culpa y siempre lo he admitido. Así que, por favor, perdóname.
Te prometo que algún día te contaré todo esto, con detalle y sólo a ti, pero déjame un tiempo, las cosas no van demasiado bien y estoy luchando en otra batalla.
Y es que, a pesar de lo que pase a partir de ese momento, siempre serás esa persona tan sumamente especial y estaré para lo que necesites. Los rencores no son buenos, las promesas falsas y los sueños pura traición.
Esto sigue siendo una forma de aprender sufriendo.

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